18 d’agost 2017

Las Ramblas

Mosaico de Joan Miró en Las Ramblas



















Lo real de la muerte es siempre igual, idéntico a sí mismo, impensable, sin nombre ni apellidos, sin imagen, sin ningún tipo de sentido que podamos encontrarle. Es así, simplemente, porque lo real de la muerte excluye al sujeto, al ser que habla, de su reino oscuro. La muerte, decía Jacques Lacan, es del dominio de la fe. Creemos en ella, incluso cuando la renegamos, aunque no sepamos nada de ella, creemos en ella para intentar dar un sentido, por mínimo que sea, a esta identidad impensable de lo real de la muerte.

Por el contrario, los muertos no son nunca iguales, cada uno es diferente a otro, cada uno con un nombre y un apellido, con una historia escrita o por escribirse, cada uno tan singular como cada ser que habla. Los muertos existen como un hecho de discurso, sobreviven como un efecto de lenguaje allí donde la muerte, impensable, los ha ausentado de sí mismos.

Cuando la muerte irrumpe en el ser que habla de un modo más o menos súbito, imprevisto, entonces hablamos de “víctima”. Esto iguala demasiado rápidamente un muerto a otro, lo sustrae del discurso en el cual ha vivido para representarse en él. Curiosamente esto nos calma un poco ante lo real de la muerte pero también nos hace sentir de inmediato que cada uno de nosotros puede ser también una víctima. Pensamos: yo podría haber estado allí y ahora no estaría aquí, ausente de mí mismo para siempre. Es decir, nos identificamos con la víctima. Entonces es conveniente recordar que aquel muerto tiene un nombre y un apellido, que tiene una historia escrita o por escribir, que es preciso devolverle la singularidad que ha tenido como ser que habla y que el nombre de víctima le arrebata. 

Ser que habla, esta expresión es un pleonasmo —recordaba Lacan— porque sólo hay ser en el lenguaje, sólo hay ser de palabra, por el hecho de que se diga y se crea ser. ¡Ah, si aquel muerto pudiera hablar, eso le devolvería el ser, su singularidad ante lo real de la muerte! A veces hablamos por él y así negamos la muerte que lo ha hecho ausente de sí mismo, pero es la manera que tenemos de hacerle un lugar entre los vivos.

Todo esto es lo que he pensado hoy cuando he leído una nota del Gobierno de Cataluña después del terrible atentado de ayer en Las Ramblas de Barcelona. La nota listaba las treinta y cuatro nacionalidades de las personas afectadas, víctimas mortales y heridos, por el cruel atentado. Hay que leer el listado: alemana, algeriana, argentina, australiana, austríaca, belga, marroquí, canadiense, china, colombiana, rumanesa, venezolana, cubana, ecuatoriana, egipcia, española, norteamericana, filipina, francesa, británica, griega, holandesa, taiwanesa, hondureña, húngara, irlandesa, italiana, kuwaití, macedonia, mauritana, pakistaní, peruana, dominicana, turca. Es algo, por supuesto, que quien había escogido el lugar y la hora para hacer el atentado había tenido muy en cuenta, de modo de éste tuviera la mayor repercusión posible internacionalmente. Y, en efecto, lo ha conseguido.

He pensado entonces que el acto asesino y masivo, gobernado por el imperativo loco del Uno absoluto, iba dirigido, fundamentalmente y con toda certeza, a anular de manera indiscriminada toda esta diversidad de nombres y apellidos, de historias escritas y por escribir, de singularidades diversas de los seres que hablan. No le habría importado que entre ellos hubiera, como se suele decir, “uno de los suyos”, para hacer más presente este Uno absoluto que los iguala y los anula en nombre de la muerte imposible de pensar.

En nombre del Uno absoluto se puede mercadear con lo real de la muerte y anular la singularidad de cada muerte, de cada ser que habla, incluso de la propia muerte para seguir viviendo sin querer saber nada de ella. 

Esta es la batalla: hacer aparecer lo real de la muerte y la singularidad de cada ser que habla ante el discurso del Uno que las confunde en la nada cuando quiere encontrarle, él también, un sentido.

También en Las Ramblas.

Miquel Bassols
18 de Agosto de 2017

Este texto, escrito a vuelatecla, es una contribución a Rel i Llamp. Podéis responder, comentar o enviar otros textos al Blog de Rel i Llamp: relillamp@gmail.com


Les Rambles

Mosaic de Joan Miró a Les Rambles de Barcelona















El real de la mort és sempre igual, idèntic a si mateix, impensable, sense nom ni cognoms, sense imatge, sense cap mena de sentit que li puguem trobar. És així, simplement, perquè el real de la mort exclou el subjecte, l’ésser que parla, del seu regne obscur. La mort, deia Jacques Lacan, és del domini de la fe. Hi creiem, renegant-la i tot, encara que no en sabem res, hi creiem per mirar de donar un sentit, per mínim que sigui, a aquesta identitat impensable del real de la mort.

Per contra, els morts no són mai iguals, cadascun és diferent a un altre, cadascun amb un nom i un cognom, amb una història escrita o per escriure’s, cadascun tan singular com cada ésser que parla. Els morts existeixen com un fet de discurs, sobreviuen com un efecte del llenguatge allà on la mort, impensable, els ha absentat ja de si mateixos.

Quan la mort irromp en l’esser que parla d’una manera més o menys sobtada, imprevista, aleshores parlem de “víctima”. Això iguala massa ràpidament un mort a un altre, el sostreu del discurs en el qual ha viscut per representar-s´hi. Curiosament això ens calma una mica davant del real de la mort però també ens fa sentir tot seguit que cadascú de nosaltres pot ser també una víctima. Pensem: jo podria haver estat allà i ara no hi seria, absent de mi mateix per sempre. És a dir, ens identifiquem amb la víctima. Aleshores va bé de recordar que aquell mort té un nom i un cognom, que té una història escrita o per escriure’s, que cal retornar-li la singularitat que ha tingut com a ésser que parla i que el nom de víctima li arrabassa. 

Ésser que parla, això és un pleonasme —recordava Lacan— perquè només hi ha ésser en el llenguatge, només hi ha ésser de paraula, pel fet que es digui i es cregui ésser. ¡Ah, si aquell mort pogués parlar, això li retornaria l’ésser, la seva singularitat davant del real de la mort! A voltes parlem per ell i així neguem la mort que l’ha fet absent de si mateix, però és la manera que tenim de fer-li un lloc entre els vius.

Tot això és el que he pensat avui quan he llegit una nota del Govern de Catalunya després del terrible atemptat d’ahir a Les Rambles de Barcelona. La nota llistava les trenta quatre nacionalitats de les persones afectades, víctimes mortals i ferits, pel cruel atemptat. Cal llegir el llistat: alemanya, algeriana, argentina, australiana, austríaca, belga, marroquina, canadenca, xina, colombiana, romanesa, veneçolana, cubana, equatoriana, egípcia, espanyola, nord-americana, filipina, francesa, britànica, grega, holandesa, taiwanesa, hondurenya, hongaresa, irlandesa, italiana, kuwaití, macedònia, mauritana, pakistanesa, peruana, dominicana, turca. Això, esclar, ho havia tingut molt bé en compte el qui havia escollit el lloc i l’hora per fer l’atemptat, de manera que tingués la repercussió més alta possible internacionalment. I de ben segur que ho ha aconseguit.

Aleshores he pensat que l’acte assassí i massiu, governat per l’imperatiu boig de l’U absolut anava dirigit, fonamentalment i amb tota certesa, a anul·lar de manera indiscriminada tota aquesta diversitat de noms i cognoms, d’històries escrites i per escriure, de singularitats diverses dels éssers que parlen. No li hauria importat que entre ells hi hagués, com se sol dir, “un dels seus”, per fer més present aquest U absolut que els iguala i esborra en nom de la mort impossible de pensar.

En nom de l’U absolut es pot mercadejar amb el real de la mort i anul·lar la singularitat de cada mort, de cada ésser que parla, fins i tot de la pròpia mort per seguir sense voler saber-ne res. Aquesta és la batalla: fer aparèixer el real de la mort i la singularitat de cada ésser que parla enfront del discurs de l’U que els confon en el no-res quan vol trobar-li, ell també, un sentit.

També a Les Rambles.

Miquel Bassols
18 d’Agost de 2017

Aquest breu text, escrit a rajatecla, és una contribució a Rel i Llamp. Podeu respondre, comentar o enviar-ne uns altres al Blog de Rel i Llamp: relillamp@gmail.com


05 d’agost 2017

Ecos de Pipol 8: la clínica fuera de las normas













Entrevista realizada por Betina Ganim para Radio Lacan


1 - ¿Qué repercusiones ha tenido Pipol 8 en la dimensión clínica, política y epistémica?

El tema para este 4º Congreso Europeo de Pipol se ha demostrado muy bien escogido para tratar la coyuntura actual de la clínica en el campo de la llamada “salud mental”, una coyuntura que está macada por una ausencia cada vez mayor de una orientación precisa. “La clínica fuera de las normas” es un título provocador de debate, pero es que hoy parece que una verdadera clínica que atienda al sujeto en su singularidad ya solo puede situarse “fuera de las normas” en todos los sentidos de la expresión. El fracaso del proyecto DSM que se ha estado desarrollando durante estas últimas décadas, como manual normativo para el diagnóstico y tratamiento, ha dejado fuera de la norma, tanto de la norma estadística como de la norma de salud, la mayor parte de fenómenos ordinarios en el sujeto de nuestro tiempo. El sujeto de nuestro tiempo está ya, él mismo, fuera de la norma. Lo que supuestamente vendrá al lugar de este declive del DSM, la orientación llamada con las siglas RDoc (Research Domain Criteria), no hará más que agudizar las contradicciones de esta coyuntura, por el simple hecho que con el solo uso de los llamados marcadores biológicos deja fuera de su campo la singularidad del sujeto de la palabra y del lenguaje, el propio ser que habla y que es el único que puede dar testimonio del sufrimiento psíquico. Hemos podido escuchar múltiples casos en los que esta cuestión ha sido central: casos de autismo, de fenómenos del cuerpo, de síntomas inclasificables, de casos tratados en instituciones y en las consultas privadas, casos que cuestionan las normativas diversas y las ideas previas de normalidad, tanto sobre la sexualidad como sobre la idea de felicidad.
Entonces, en el registro clínico, se trata de sacar consecuencias de esta constatación: la singularidad del ser que habla y sufre de su síntoma está siempre fuera de las normas. La idea misma de norma se muestra entonces como una patología más, el sujeto que se quiere o se supone normal. Hemos escuchado también casos de “normopatía”, por decirlo así, y pueden ser los de peor pronóstico, si se me permite la ironía.
Esto tiene consecuencias inmediatas en el registro político, entendiendo la política en sentido habitual, la política de la salud mental por ejemplo, pero precisamente porque tiene consecuencias en el sentido estricto de la “política del síntoma”, para tomar la expresión de Lacan. El síntoma no es un trastorno que se aparta de la normalidad, un trastorno de inadaptación a la realidad supuestamente normal. El síntoma es lo que cada sujeto debe construir, inventar incluso, para dar una respuesta a lo real, ese real del goce y del lenguaje ante el cual no hay adaptación posible. La política del psicoanálisis parte de esta premisa para dar todo su valor y función al síntoma. ¿Es posible pensar una política, en el sentido amplio y clásico de la palabra, orientada por lo real del síntoma? Es lo que estamos poniendo a prueba siguiendo el impulso que Jacques-Alain Miller ha dado estos últimos meses a la iniciativa de la Red Zadig-Le réel de la vie, que ha tomado la forma de una red cuyos nodos se están multiplicando de manera acelerada en distintos lugares, tanto en Europa como en América.
Todo ello tiene ya efectos sobre el registro epistémico del psicoanálisis en nuestra orientación y sobre las Escuelas de la AMP. Para decirlo con una expresión que el propio Jacques-Alain Miller lanzó hace unos años: creíamos saber lo que hacíamos cuando analizábamos la singularidad del ser hablante; ahora, cuando queremos decir lo que sabemos hacer nos damos cuenta que debemos inventar nuevas formas de decir. ¡Bienvenidas sean!
Serán sin duda formas de decir fuera de las normas, fuera incluso de nuestras propias normas, las que nosotros mismos vamos instaurando sin darnos cuenta. Estar fuera de las normas no es fácil. Bob Dylan, el reciente premio Nobel, decía que para vivir fuera de la ley hay que ser un tipo honesto, de lo más legal. Nosotros podemos decir que para hacer una clínica fuera de las normas hay que ser alguien muy bien sostenido en la ley del deseo, del deseo que no se deja nunca atrapar por la normalización uniforme.


2. ¿Qué lectura puede hacer del Forum animado por Jacques-Alain Miller que se ha desarrollado dentro del propio Pipol 8?

El tema del Forum ha sido de gran actualidad: el ascenso del llamado populismo en Europa. El populismo es algo que designa fenómenos muy variados, desde el ascenso del neofascismo con rostro humano hasta los distintos movimientos populares que surgen del malestar en la calle en las capas sociales más desfavorecidas, pero también, —y no es la menor de las paradojas— de las no tan desfavorecidas. Y se han planteado respuestas desde diversas perspectivas, de políticos, intelectuales y de los propios psicoanalistas. La primera constatación es que no todos entendemos lo mismo con el término populismo. Generalmente se utiliza la palabra de modo peyorativo, ya sea dirigida hacia la derecha como hacia la izquierda, para designar la demagogia en el discurso político, es decir, el uso del puro semblante para los simples intereses de clase, para la  opresión social o para la segregación más brutal de lo diferente, de lo extranjero. Sucede con este término algo parecido a lo que sucede con el nacionalismo: la nación es la mía, los nacionalistas son los otros. Pues bien: el pueblo es el mío, los populistas son los otros. Difícil salir de este malentendido.
En todo caso, Jacques-Alain Miller distinguió el populismo de ayer, que tenía toda su dignidad en el mundo clásico en contra de la autosuficiencia de las élites y de sus privilegios, del populismo de hoy, resultado de la caída del universo comunista que produjo sus propias élites y sus propios privilegios. Estamos viviendo entre los restos ideológicos y políticos de ese universo que ha dado la vuelta, como un guante, en el universo del neocapitalismo, en lo que algunos han llamado las “neo-democracias totalitarias”. ¿Es posible limitar los privilegios de las nuevas élites sin substituirlas por otras nuevas, aunque sea con privilegios aparentemente más decentes? Digamos que la llamada “izquierda”, con el calificativo que se le quiera añadir, se ha visto desde hace un par décadas totalmente a contrapié de la lógica que gobierna estos nuevos movimientos. Responder a las demandas sociales puede ser entendido a veces ya como un populismo, como una cesión al discurso del Amo que no puede descifrar qué deseo se esconde en esas demandas, qué deseo insiste sin saberse decir ni escuchar. Entonces, el discurso del Amo no es sólo el del poder político. Los analistas debemos saber que esta reducción es demasiado fácil y siempre peligrosa. El discurso del Amo también es el discurso del inconsciente, el que se agita en cada uno más allá de lo que cree saber y decir. El discurso del Amo también es el discurso de la transferencia, motor de la experiencia analítica y de la Escuela, en lo que llamamos la transferencia recíproca. Así que denunciar el discurso del Amo es por sí mismo un efecto más de lo que Lacan abordó con su aforismo: “el inconsciente es la política” (subrayo el “es”). Y recordemos lo que el propio Lacan les dijo a los jóvenes de Mayo del 68: denunciar simplemente el discurso del Amo es la mejor forma de reforzarlo.
No podría terminar de responder a su pregunta sin referirme al impactante testimonio que escuchamos justo antes del Forum. Fue el testimonio del Doctor Pietro Bartolo, médico en Lampedusa que está en primera línea recibiendo a los desplazados que llegan a las costas, vivos y muertos terriblemente mezclados, en barcazas indignas. Su testimonio, extraordinariamente vivo y directo, inhumano de tan humano, dejó al auditorio del Congreso entre mudo y agitado, tocado en lo más íntimo por las palabras y las imágenes que mostró. “Ahora ya no pueden decir que no saben”, nos soltó. Lo peor es que lo sabíamos pero no podíamos decir nada de lo que sabíamos después de escucharle a él.
Varios efectos se han sucedido ya. Un miembro de la AMP ha impulsado una colecta para dar apoyo humanitario a la labor que el Dr. Pietro Bartolo está realizando en Lampedusa con muchos otros. Pero él quería sobre todo lanzar una llamada de alarma. La AMP, en tanto es una ONG reconocida ante la Organización de las Naciones Unidas, junto a la SLP, la Escuela italiana, y la EuroFederación de Psicoanálisis presidida a partir de ahora por nuestro colega Domenico Cosenza, está impulsando la realización de una serie de Forums sobre el tema de “lo extranjero” y del malestar social producido por los fenómenos de inmigración y de segregación de enormes masas de población que no atienden ni a fronteras ni a litorales. El reto que tiene Europa ante estos fenómenos es hoy de una magnitud imposible de reducir a números y estadísticas, toca lo más íntimo de la subjetividad de nuestra época, esa subjetividad para la que Lacan exigía al psicoanalista de nuestro tiempo estar a su altura, saber descifrar la lógica que gobierna sus síntomas y sus nuevas formas de gozar.
Estamos en ello.